sábado, 9 de enero de 2021

Sábanas mojadas

 


Por: Sandra S./Columnista invitada

Una sábana mojada significa un orgasmo femenino bien trabajado, por un excelente amante.
Una sábana mojada de esta manera no engaña, un orgasmo se puede fingir, pero una sábana mojada no.
Una sábana mojada es sinónimo de una mujer satisfecha, que su cuerpo se contracturó y su entrepierna explotó.
Una sábana mojada significa que una dama manifestó un orgasmo femenino mayúsculo, un squirt en fuente donde el hombre se puede bañar y beber.
Una sábana mojada es el trofeo de un hombre que sabe hacer el amor, un caballero que hace que su doncella sea plena en el acto, es el galardón de un verdadero hombre en la cama.
Así que si tú haces el amor y no dejas una sábana mojada, considérate un verdadero fracaso como amante. Ya que a una mujer no se le pregunta si está satisfecha o le gustó, una mujer te lo demuestra con una sábana mojada.


Ardores de una loba



Por: Cristian T./Columnista invitado

En el ambiente olía a rock. Las cervezas navegaban por la barra servidas por los capitanes a su mando. Para mí, solo una noche más.
Ni si quiera quiero conocer a nadie.
Casi preferiría haberme sumido en la soledad de casa. Haber dejado que las paredes me absorbieran. Un poco de meditación y una copa de vino. Ese hubiese sido un gran plan, pero ahí estaba. Una vez más viendo risas pasar. Algunas falsas, otras verdaderas.
Mis pensamientos se van cuando una chica de no más de 20 años cruza frente a mí, una traviesa mirada que golpea de bruces con la mía. Si en las miradas pudieran nacer chichones, este habría sido uno bien gordo. Los nervios se disparan.
Una noche más vienen a avisarme de que quizá nada haya acabado. De que posiblemente el baile nupcial de la aventura esté deseando devolverme a mis orígenes y darle un buen chute a este corazón aburrido.
—¡Bonita mirada! —le digo pillándola de improviso.
—¡Gracias!
Contesta con ánimo, pero sin decir nada más. Entonces sé que me va a tocar trabajármelo para ligar sin hablar mucho. Cosa que a veces me apetece y celebro. Otras no tanto.
—Tendrás que darme un consejo entonces.
—¿Sobre qué?
—Si he de resistirme a tu embrujo, ¡créeme! Cualquier consejo es bienvenido.
La música alta nos permite danzar entre susurro y susurro. Me deja el margen auditivo suficiente para acercarme a su oído. Lento, grabe, sexual. No estoy para bromas esta noche, y se comienza a respirar tensión entre los dos.
En ese momento llegan sus amigas como guerreras que luchan para sacarnos de nuestro mágico momento de miradas intensas, cercanía prohibida y palabras escuetas. Yo no dejo de mirarla y me quedo impasible contemplando la escena.
Cuando se calma el numerito, me acerco de nuevo a por mí fruta prohibida.
—Creo que tus amigas no me consideran buen chico para ti —vuelvo a susurrar en su oído mientras permito que mi mano recoja su cintura.
—Bueno, lo que ellas piensen me da igual.
—¿Aunque estén en lo cierto?
—No creo que seas tan malo.
—Desafíame si quieres —resoplo mirándola muy de cerca.
3 dedos pulgares más y notaría la humedad de sus labios.
—¿Sabes que tienes las pupilas muy dilatadas? —prosigo diciéndole—. Tienen un brillo especial. Deberías darme las gracias.
—Si vas a ser malo conmigo no veo porqué tendría que agradecértelo.
Los dos sonreímos y nos quedamos mirándonos.
—No, mirada de lobita. Confía en que voy a ser malo contigo. Pero confía más en que lo vas a disfrutar. Ambos disfrutaremos siendo malos…
Nuestros labios cruzan entonces sus líneas de defensa. A fuego y pegamento comienzo a sentirla caliente junto a mí. Su fina y suave cintura. El negro oscuro de su pelo. Los zapatos rojos que se empinan ante mí para recibir mis dones. Y tiembla. Tiembla ella. Tiemblo yo. Temblamos juntos. Tiembla pequeña. ¡De esta no te vas a querer escapar!
Salimos del pub, del rock y de las espías de sus amigas para meternos en un taxi que nos hará de carroza celestina. Por las calles navega susurrante la oscuridad. Se cuela entre sus murmullos al paso de parejas calientes y locos adolescentes.
—¿Te puedo pedir un pequeño favor? —le digo inclinándome hacia ella mientras trata de abrir la antigua puerta de su piso de universitaria.
Mientras siento su culo en mi sexo…
—No sé si a estas alturas estaría muy dispuesta a negarte algo razonable —dice riendo ante su propio comentario.
—Creo que deberías dejarte puestos los tacones.
—¡Ja, ja! Será un placer. ¿Pero que piensas hacer con el resto?
—Abre de una vez esa dichosa puerta y lo descubriremos.
Su piso es como esperaba. Algo menos antiguo que esa puerta chirriante. Coquetamente reformado con pinturas alegres y ruines muebles modernos del Ikea. Beso a beso traspasamos un pasillo que se hace casi infinito. Una vez en su habitación me empuja contra su cama.
—¿No querías verme solo con tacones?
—Por supuesto
Y algo me dice que no voy a tener que esperar mucho. Se acerca lentamente a mi aparentemente molesta. Fingiendo, por supuesto. Hay que darle emoción.
—Ahora por mandón te vas a quedar con las ganas muñeco —provoca con mirada de cabreada mientras pasea sus manos por mi paquete.
¿A qué demonios quiere jugar? De repente empieza a besarme. Consigue liberar mi miembro, y sin decir nada más, se la mete en la boca ¡Dios que labios más carnosos tiene!
Ronronea una y otra vez. Gime y gime. Cualquiera diría que no lo estaba deseando. Cierro los ojos, algo que me cuesta hacer. Me encanta mirarla. Ella clava sus ojos verdes en los míos mientras juega con su lengua a arrastrarme de placer. El mundo entero se me deshace en su boca.
Suavemente, dentro y afuera. Excitados. Poseídos.
—Sabía que esto te gustaría —le oigo decir entre un gemido y otro.
—Admiro tu sabiduría para adivinar ciertas cosas —acabo espetando sonriente como puedo.
—Está muy rica ¡Traviesa!
—Me alegro de oír eso, pero todavía estoy esperando tu promesa
Oigo que mi voz se entrecorta por el estremecimiento.
Tras succionar mi sexo con efusividad una vez más, se levanta y comienza a bailar delante de mí.
¿Qué está haciendo? Me hace una especie de estriptis, amateur, improvisado bastante coqueto. Es divertido verla tan alegre.
Pese a ser tan callada al principio, sin duda ahora se siente cómoda. Le premio acercándome a ella para decirle lo mucho que me está gustando.
—¿Sabes que me encantas? —le susurro con aires de agresividad mientras la arrincono contra la pared
Me pego bien a ella y comienzo a arrancarle el pantalón. ¡Suspira! Casi asustada, pero sonriendo.
Le apoyo de espaldas hacia mí, deposito su culo abierto a plena disposición para recibirme y como yo pensaba, esos tacones realzan su de por si esbelta figura juvenil.
Si he de ir al infierno por esto, merecerá la pena. Sin duda.
—No me hagas daño. Soy delicada —susurra divertida mirándome hacia atrás.
Yo me hundo en sus profundidades de un plumazo.
Está húmeda, muy húmeda. Y muy apretada. 20 años tienen la culpa. Ella gime entre gritos de dolor e intenso placer. Noto su culo fresco y erizado contra mis caderas. Cada roce de su sexo es un paraíso prohibido que ella me invita a visitar. Yo soy su huésped.
—¡Dámelo! Dame tu culito pequeña lobita —susurro y susurro. —¿Me sientes? —continúo susurrando con voz grabe.
—Pufff, te siento. Te siento…
Se funde en un gruñido prolongado que le rasga la voz. Es preciosa. Me vuelve loco verla disfrutar mientras siento cómo se corre sobre mí. Todo su cuerpo vibra volviéndose rígido. Estremeciéndose contra la pared mientras me coge del cuello con una mano. Ofreciéndome su culo.
Se corre y se corre. Y me moja. ¡Joder!
En cuanto se calma un poco, la giro frente a mí. Con su mirada de deseo completamente perdida, se lanza desesperada a besarme. Como el náufrago que besa la tierra tras meses vagando en el océano.
Con sus manos sobre mi cuello me mira lasciva. Todavía quiere más fuegos artificiales. Y yo, no inocentemente, me dejo llevar por sus deseos…

viernes, 8 de enero de 2021

Te esperaba

 


Por Daniela E./Columnista invitada


Te esperaba ansiosa, le pedí a mi mejor amigo que se quedará para que te conociera y me ayudará a reducir un poco aquellos nervios que me acechaban con el revoloteo de miles bichos en mi estómago, me encantaría llamarle mariposas pero estaría mintiendo, más bien eran polillas quemando, ambos sabíamos lo que pasaría, ya lo habíamos planeado tiempo atrás, jamás hablamos de sentimientos tu sólo eras un Casanova en busca de una presa, y yo... yo sólo fingía no ser esa presa, protegiéndome con escudos de acero para salir ilesa.
Llegaste tímido, como siempre porque es así tu personalidad, tu rostro tan perfecto me dejó sin habla. Comencé a sudar, mis latidos se aceleraron, mi sangre corría más rápido que la R15 y no supe como saludarte, solo yo.... Solo te di la mano y te miré de lejos.

Me trajiste esa paleta que me habías prometido para nuestro arduo trabajo creativo en nuestro acto, no dejábamos de sudar y sólo eran palabras las que estábamos intercambiando, así que propuse salir a caminar para quitar esa tensión y tentación por estar solos en la habitación.
Platicamos, bromeamos, reímos, jugamos y el sol desaparecía, así que te traje de vuelta al cuarto de emociones, tomaste la computadora, me mostraste tus raros gustos musicales y... regresaste a mí, tomé tu mano y era muy caliente, no lo pude evitar, mi respiración era muy lenta, la temperatura no estaba a nuestro, nos estaba deshaciendo, mi boca reseca me hizo meter tus dedos a mi boca para poder tener saliva, me veías sorprendido, como no sabiendo cuál era la finalidad de mi acción, no dejabas de mirarme con ojitos de ternura.
Pero al sacar tus dedos mojados de mi boca envueltos con esa textura resbalosa, me besaste, y me hundí, me perdí, se detuvo el tiempo y sólo existimos tu y yo.
Encima de ti, sin despegar nuestros labios y al abrir mis ojos los tuyos estaban cerrados, es extraño que un chico en estas fechas tenga el valor para hacerlo y disfrutar lentamente de los labios de otra persona, sin la prisa de tener que penetrarte.
Tu cuerpo se calentaba cada vez más igual que el mío lo hacía, y mis manos en tu cuello se mojaban con el agua que desprendía de tu cabeza, tus manos envolvían mi cuerpo y cada vez bajaban más, fue raro después de tanto tiempo estar con alguien así, y que a pesar de no involucrar sentimientos no te trate como a una puta, con el clásico estereotipo.
Tus manos me desvistieron lentamente, apreciándome, saboreándome, tocándome, deslizando tus manos en cada punto de mi ser y dejando saliva en cada pliegue.
Quité tu playera, tu pantalón y todo lo demás que nos estorbaba con la prisa del infante que espera con anhelo la llegada de Santa en nochebuena.
El único momento que separaste tus labios de los míos fue para besar mis pechos, succionar mis pezones; me excitaba. Con una mano me apretabas el cuello y con la otra acariciabas mi trasero. Una vez desvestidos, sin separar nuestros labios, comenzó la acción, te ordené que te acostaras y me paré sobre ti para después bajarme, sumergirme.
No dejabas de verme directo a los ojos, era inevitable no sonrojarme, pero mi seriedad no me delataba, y fue ahí, ese punto donde volví a la vida, ese dolor por tenerte dentro era placentero y cada vez lo hacía más rápido, cabalgando entre cascadas de nubes rojas, tu rostro se tornaba cada vez más colorado y no separabas tus manos de mis pechos, ni tus ojos de los míos.
Te pedí que dejaras de mirarme a los ojos, pero argumentaste que era inevitable no verme sufrir con gestos de dolor placentero, yo no podía dejar de bailar sobre ti, ese punto desesperante donde tu clítoris está gigante y la humectación de tu sexo cada vez se hace más abundante es celestial, el sexo es de los regalos más hermoso que nos dieron los creadores del universo, no se trata de sólo meter tu estúpido pene en una vagina, hacer gritar a la chica y correrte, se trata de disfrutar cada movimiento, lento o rápido, sentir los cuerpos húmedos, visualizar el estado de esa sensación que sólo ocurre al cruzar dos almas en el plano físico tridimensional.
Las consecuencias son miles pero el momento es sólo uno, no estoy diciendo que practiquen el arte de tener relaciones como los perros en la calle, si no que aprendan a disfrutar cada micro segundo, que el sitio sea con paz, que sus corazones estén al menos en ese momento del uno para el otro así como lo está su cuerpo, y que pase lo que pase sólo disfruten el maldito instante con sabor a gloria.

Trío imprevisto

 


Por: Luis C/Columnista invitado

Hace un par de años logré que mi novia de ese entonces, Carolina, una chica muy tímida y sumisa, que apenas había cumplido sus 19, follara con otros hombres. Para resumir la historia, después de probar muchas cosas en el sexo quería hacer algo nuevo y me topé con estos vídeos de mujeres que cogían con otros frente a sus novios.
La simple idea de imaginar a mi novia así, me la ponía durísima. Al principio, para cumplir esta fantasía le decía a Caro que imaginara a algún amigo mientras la follaba. Inicialmente se negó porque supuestamente solo tenía ojos para mí, pero después de unos meses ella era quién pedía imaginar a uno de nuestros amigos. Ella cerraba sus ojos mientras la penetraba y se corría imaginando a nuestro dichoso amigo.
Su primer encuentro fue en su fiesta de cumpleaños. Ella esa noche usaba un leggins negros y una camiseta. Le había dicho con anticipación que esta noche podría cumplir su fantasía de ser cogida por Jorge, nuestro amigo. Ella al principio se negó, pero después aceptó.
Planeamos todo, pediríamos quedarnos a dormir, fingiría estar muy ebrio y me iría supuestamente a dormir mientras ella se lo cogía.

Recuerdo que esa noche fuimos los únicos que nos quedamos, así que nos fuimos todos a su habitación. Jorge había bajado a ordenar para dejar todo listo, le dije que me iría a dormir y me recosté en el sillón que estaba a pocos metros de la cama.

El corazón me latía muy rápido, la idea de que en poco tiempo mi novia iba a complacer a otro hombre me dejaba con una extraña sensación de nervios, de excitación.

Primero calenté a Caro para que no le diera timidez ponerse coqueta para Jorge, nos besamos por un buen rato y la masturbé un poco por sobre la ropa. Le dije que se acostara en la cama de Jorge y que se bajara un poco el leggins, ella obedeció y se lo bajó un poquito, apenas para dejar ver un poquito de esas delicadas y bellas nalgas blancas. También su tanga negra, esa que yo le regalé en uno de nuestros aniversarios.

Entrecerré mis ojos y ella también, esperamos uno o dos minutos que parecieron eternos, sentía cosquillas en el estómago y el corazón en la cabeza.

Nuestro amigo abrió la puerta y vio a mi novia acostada así, un poco nervioso fue a remecer a Caro muy suavemente y le dijo

‘’Caro, acuéstate con Luis’’. Ella fingió despertar y le dijo ‘’ ¿Y si nos acostamos un ratito juntos a conversar?’’

Jorge se sentó en la cama cerca de ella, ella se acercó a su boca y le dijo ‘’No te preocupes que Luis está muy ebrio’’.

Inmediatamente después de eso Caro le da un beso suave, Jorge, muy nervioso, mira en mi dirección (yo intentando ocultar mi erección con unas mantas con los ojos entrecerrados).

“Caro, estás muy ebria y yo no le puedo hacer esto a Luis”. Mi novia lo tomó del brazo y lo acercó a ella, nuestro amigo no pudo resistir y le acarició despacio las nalgas que aún sobresalían un poco del leggins, a veces jugaba metiendo sus dedos entre las costuras de la tanga mientras mi novia lo besaba muy apasionadamente.

Después de un rato Caro se quitó la camiseta y el leggins, Jorge también se quitó la camiseta, la tomó de la cintura y le dijo algo así como “siempre quise hacer esto contigo, Caro”, la besó despacio, mientras con una mano acarició sus nalgas y con la otra la masturbó.

Caro empezó a besar el pecho de nuestro amigo en dirección contraria a mí, bajaba con sus labios lentamente, yo veía sus nalgas desde ese lugar, a la vez que observaba a Jorge derritiéndose del gusto.

Caro bajó hasta el punto de quedar en cuclillas, desabrochó los pantalones de Jorge y saco su verga. Escuché ese sonido húmedo de la boca de mi novia en la verga de Jorge. Estuvieron un buen rato así, mi novia comiéndole el rabo, mientras que él jugaba con el cabello de mi chica.

Después de un rato mi amigo se acostó y Caro se puso sobre él, restregando su vagina, aún resguardada por su tanga oscura, sobre la verga erecta de mi amigo.

Caro se movió la tanga a un lado y dejó que mi amigo se la rozara directamente, después se acercó a su rostro y le dijo –“esta noche sólo te la chuparé”

Pero Jorge ya estaba iniciado y no iba a permitir que Caro lo dejara con el calentón. Cuando ella pareció darse la vuelta para dejar las cosas ahí, Jorge la agarró de los brazos, la empujó contra una pared y la penetró desde atrás, sin ningún tipo de miramiento.

“Lucho ayúdame, ayúdame”, comenzó a gritar Caro mientras Jorge le deslizaba su miembro por entre las paredes de su vagina.

No era exactamente lo planeado, pero esto me excitó más de la cuenta. Inicialmente no reaccioné, seguí tumbado allí, fingiendo estar profundamente dormido. Quería ver hasta dónde podían llegar Jorge y Caro en esta situación que yo había propiciado.

Pero luego la excitación me venció, abrí los ojos y me puse en pie. Jorge se detuvo, quedó helado y empezó a tartamudear mientras buscaba una explicación para darme, pero yo lo tranquilicé de inmediato, le hice saber que todo esto era planeado. Sin embargo, ahora yo quería unirme al jolgorio.

Le propuse seguir penetrándola mientras ella me regalaba una de sus espectaculares mamadas. Caro no parecía del todo convencida para realizar su primer trío de esta manera, pero bastó una mirada mía a sus ojos para llenarla de confianza.

Tristemente para Caro y para mí, la fantasía del trío duró poco tiempo hecha realidad, Jorge se corrió rápidamente, y al final fue él quien terminó viéndonos coger.

Con el tiempo aprendimos a escoger mejor a los terceros de nuestros adulterios.

Diario de una puritana (Capítulo VI)

 Diario de una puritana



Capítulo VI: Lecciones de una puritana entusiasta





El sábado dormimos hasta tarde. Nos despertamos sobre el mediodía en medio de un ambiente colmado de un denso olor a sexo. Yo fui el primero en despertar, con la tranquilidad de no tener mayor responsabilidad para ese día. Me quedé un par de minutos sentado meditando sobre la cama, observando a Mafe mientras aún dormía.

Reflexioné sobre lo que hacía e incluso sobre lo que sentía, para darme cuenta de que la velada de pasión todavía no había transformado mi percepción sobre lo que sentía por Mafe; para mí seguía siendo solo una oportunidad de echar unos cuantos polvos. Claro que tampoco quería ser un canalla, no quería desecharla como a una vulgar puta, quería corresponder a su afecto pero sin enamorarle.

Rápidamente me vestí, sin haberme duchado, ni peinado, ni nada. Fui a la calle para comprar algo de comer. Cuando volví Mafe había despertado, aunque por su cara aún somnolienta parecía que no había pasado mucho tiempo desde eso.

Se despertó supremamente cariñosa, evidenciando que lo vivido los últimos días había sido trascendental para ella. Su actitud era completamente diferente a la que tenía una semana atrás, cuando era mucho más tímida, introvertida y seria.

Durante esas horas temí por los sentimientos que Mafe pudiese desarrollar hacia mí. No quería enamorarla, ni hacerla sufrir, ni dañar la buena relación que habíamos construido más allá del sexo. Sabía que no podía corresponder del todo a su trato cariñoso, pero tampoco podía ser cortante y despreciarla. Debía hallar el punto medio, hasta hacerle saber que lo nuestro era sexo y nada más.

Nos sentamos a comer y planear lo que haríamos esa tarde. Las horas de sueño me sirvieron para restablecer un poco el aliento, pero no para recuperar el apetito sexual del todo, aunque debo decir que esa tarde revivió y todo por virtud de Mafe, que estaba desatada, estaba insaciable.

Cuando terminamos de comer ella propuso pasar por su apartamento para cambiarse de ropa y enseñarme un par de “secretitos”. Inicialmente sentí pereza, pues mi plan ideal era quedarme acostado toda la tarde viendo alguna película, fútbol o lo que hubiera en la tele. Pero debo decir que cedí a sus pretensiones, y valió la pena completamente.

Cuando llegamos a su apartamento me hizo una visita guiada. No había mucho por ver pues era un apartamento pequeño, pero supongo que amaba mostrarle cada uno de los rincones de su hogar a sus visitantes.

Y entre una y otra cosa me terminó enseñando un par de juguetes que tenía para complacerse. “Te voy a cumplir la promesa de enseñarte cómo me toco”. Eso encendió mis instintos que hasta ese momento estaban adormecidos.

Realmente su colección de juguetes sexuales no era gran cosa, apenas un par de vibradores diría que de un tamaño medio o pequeño. Pero no dejó de sorprenderme que los tuviera, pues la imagen que tenía de ella era la de la puritana radical que se opone a cualquier acto sexual que no tenga por finalidad concebir.

- ¿No vas derecho al infierno por usar este tipo de cosas?
- No. Yo me confieso y diosito me lo perdona…

Guardé silencio ante su conveniente y acomodada respuesta. Claro que tampoco era mi objetivo reprocharla ni controvertirla.

Mafe empezó a desvestirse y una vez más, con solo exponer su figura, logró excitarme. Encendió uno de sus juguetes, que tenía varios niveles de vibración y empezó a apoyarlo sobre su vagina.

Me pareció de lujo ver ese espectáculo en primera fila, pero pasados unos minutos tuve que interrumpirla, pues mi deseo era verla masturbarse, pero con sus manos, no con un juguete. ”Tócame tú, yo te guío y te enseño lo que me gusta”, respondió ella a mi petición. Yo empecé a babear con solo escuchar esto, pues era justamente lo que deseaba.

“No te voy a enseñar dónde está mi clítoris porque sé que tú ya sabes dónde está, pero si te voy a enseñar a tocarlo para no desentonar”. En ese instante ella tomó dos de mis dedos y empezó a frotarlos suavemente y en movimientos horizontales por sobre su clítoris. “Si los mueves de arriba abajo o de abajo a arriba puede ser algo molesto, pero así no va a haber problema”.

Pasaron solo unos segundos entre que mis dedos hicieron contacto sobre su vagina y el momento en que empezó a emanar ese calor tan diciente, tan revelador.

“Otra de las cosas que por lo menos a mí me enloquece es jugar con mis pezones. Un movimiento suave y lento por sobre ellos me calienta muchísimo…eso sí, no me los vayas a morder, a jalar o a pellizcar, son muy sensibles”.

Yo dejaba que ella guiara el movimiento de mis manos, a la vez que guardaba silencio total mientras escuchaba sus sabias palabras.

“Y mientras me acaricias los pechos o el clítoris, puedes utilizar tu otra mano para consentir mi vagina. Yo procuro siempre utilizar mis dedos con la uña boca abajo, pues al revés puede lastimar, además que una vez tienes adentro los dedos, lo normal es doblarlos un poco, como formando un gancho, y este es estimulante si queda hacia arriba y no hacia abajo… Eso así…”.

Tuve que cortar su explicación para besarla, pues el realizar esta maniobra me alteró, me creó un estado de excitación que solo pude contener a través de un lento y largo beso. Ella no se opuso, de hecho, tomó la parte posterior de mi cabeza e hizo que el beso fuera mucho más duradero.

“Cuando tengas los dedos haciendo el gancho al interior de mi vagina procura moverlos de arriba abajo, pero el movimiento tiene que ser de los dedos, no de la mano…”.

Su explicación se veía correspondida con el estado de su vagina, pues no llevábamos más de dos minutos en ello, y ya estaba completamente mojada.

“Si esto lo acompañas con tus ricos besos por el cuello, tendré que reemplazar a mis juguetes y traerte a vivir conmigo… Ven, hazme tuya otra vez…”

Capítulo VII: Adicción masturbatoria

El fin de semana terminó siendo memorable aunque muy agotador. La sesión masturbatoria del sábado en la tarde fue solo el abrebocas de una apasionada jornada que se extendería hasta el domingo al anochecer...

La Profe Luciana (Capítulo XXI)

 La Profe Luciana Capítulo XXI: Un baile de Luciana Era inevitable e irreparable. Esa sensación de oquedad, de orfandad, esa congoja que me ...